PADECIMIENTO

«Y sufro… Sufro como aquel ser humano que habiendo soportado todo el peso del mundo sobre sus hombros, se rindió»

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ÚLTIMAS PALABRAS: NOITH SORTH

— ¿Quién puede juzgarnos? Solo queríamos el mundo, ¡no una mísera parte de el! ¿Y habréis de ser ustedes los hombres que condenen nuestras acciones? –cabizbajo, se aproximaba lentamente al abismo–. Nosotros solo queríamos entregar luz al mundo… Y ustedes… Tú… Tú has derrumbado toda mi creación –observo el obscuro abismo; sin duda no podía visualizar el final–. ¡Oh, cuánto tiempo me he batido contra las bestias que han controlado esté mundo, y ni siquiera he sido capaz de finalizar mi tarea! ¡Cuánto tiempo he añorado la grandeza, tan solo para acabar siendo el tirano, el déspota y el olvidado! –se dió media vuelta y le observó directamente a los ojos–. El mundo tal vez no nos recuerde, y es posible que nuestros nombres sean tachados de los libros de historia… Sin embargo, viviremos por siempre en las memorias de los hombres que nos vieron en la cima del mundo y estrepitosamente nos vieron de nuevo en el fango… Yo… Yo viviré por siempre en tu memoria, Argén… Incluso si empeñas todos tus recursos en poner fin a éste inevitable final… 

Últimas palabras de Noith Sorth en las montañas de Icsmor, momentos antes de saltar al abismo. 

SANGRE FRÍA

«En el oficio se requiere de sangre fría, silencio y cautela; no se debe actuar a la ligera. No se debe pensar ni sentir demasiado; los hombres siempre aprecian el buen trato»

— Hay algo dentro de mí –comenzó diciendo, mientras se disponía a dar una vuelta por la habitación; las manos le temblaban y comenzaba a sudar. 
— ¿A qué te refieres? –preguntó, mientras se reclinaba en la silla.
— Es una voz… Un murmullo dentro de mi cabeza… –se da media vuelta abruptamente– ¡Me llaman! ¡Me dicen que hacer! ¡Son constantes, y no se detienen! –finaliza, cabizbajo.
— Las voces… ¿En qué momentos comienzas a oírlas? ¿Cuando estás sólo? ¿En compañía? –pregunta, frunciendo el ceño. 
— En los momentos de mayor soledad, las voces se vuelven más estridentes y pesadas; incluso comienzan a manifestarse golpeando puertas y ventanas. ¡Me están volviendo loco! –grita desesperado, mientras sus manos oprimen con gran fuerza su cabeza.
— Tranquilo –dice, acercándose–, ven y siéntate –observa las facciones de su rostro un par de minutos sin decir palabra alguna; luego se levanta y le pregunta–. ¿Te hablan ahora? ¿Qué dicen? ¿Qué es lo que piensan?
— Usted no quiere oírlo –dijo, abatido.
— ¿Porqué no lo querría? Solo quiero ayudarte. 
Se levantó abruptamente, y caminó con paso decidido en dirección a su interlocutor. Él le observó algo atemorizado; sintió que algo en su mirada había cambiado. 
— ¿Qué ocurre? – dijo, mientras intentaba abrirse paso hacía otro punto de la habitación; él le detuvo.
— Usted quería conocer mis pensamientos, doctor.
— ¿Y cuáles son tus pensamiento? –dijo, desviando la mirada. 
Hasta aquél momento no había notado que las manos del muchacho no temblaban, y que el sudor que escurría como un manantial de su frente hace algunos minutos ya no se encontraba. Fue solo hasta aquél momento, cuando su mano fría como el hielo se posó sobre su cuello, cuando lo comprendió; ellos querían su muerte,y ahora él yacía muerto en el suelo.

HAIST’O GOTH

Haist’o Goth

— ¿Quién podría creer en los hombres? –se pregunta, mientras recorre las estanterías de la biblioteca de Rodín–. No son más que bestias descerebradas, que esperan inconscientemente su final –suspira– ni siquiera de eso son conscientes… –se detiene y observa los libros que tiene frente a sus ojos–. Cuánta información… Tantos años de descubrimientos y saberes plasmados en las páginas de todos estos libros –frunce el ceño, mientras estira la mano y retira uno de los libros de la estantería; es viejo y está cubierto de polvo–. Haist’o Goth… Los inicios de Nogligoth… –guarda el gran libro cuidadosamente, mientras se dispone a regresar por el camino; sale de las bibliotecas, y se dirige apresuradamente a su hogar. Abre la puerta, se dirige a sus aposentos y deja el libro sobre una mesa, luego se dispone a marcharse y no regresa hasta el anochecer.
— Haist’o Goth… –murmura al ingresar a la habitación nuevamente, y como hipnotizado por aquellas palabras se dispone a leer la primera página del libro; aquella decía así:

No pretendo imponer mi vulgar visión sobre esté mundo como un ideal a seguir. En demasía, nunca he abogado por la instauración de un pensamiento o una creencia universal, pues más temprano que tarde, acaba por convertir a los hombres en autómatas carentes de sentido y de todo propósito; incapaces de reinterpretar los antiguos conocimientos, de juzgar y buscar nuevos caminos hacia una nueva luz que de sentido a sus propias existencias. Demás estaría decir, que estoy completamente seguro de que habrán de ser pocos quienes lean estás mis palabras. ¿Quién querría leer un manuscrito cuyas palabras han sido evocadas con la sangre de los inocentes que alguna vez condeno la propia historia? Es realmente interesante comprender que los hombres se muestran reticentes a rememorar los propios hechos y acontecimientos de su pasado. ¿Es que acaso temen convertirse en los monstruos que alguna vez encarnaron sus antepasados? Es una lástima que aquella sea su más grande falta para con la Tierra.
Se quedo consternado algunos minutos después de leer las primeras palabras del manuscrito que contenía más de 1669 páginas. Por alguna razón no sabía que pensar realmente, y sumido en sus pensamientos comenzó haciéndose vagas preguntas sobre el real contenido del texto que tenía en sus manos.
— Haist’o Goth… ¿No significa realmente “Los inicios de Nogligoth”? ¿Cuál habría de ser su verdadero significado? Haist’o Goth… Podría ser que… –se levantó abruptamente, y abandono la habitación en la cual se encontraba para ingresar con celeridad al cuarto contiguo. Allí, una gran hilera de libros se alzaba de arriba a abajo, y de izquierda a derecha. Busco durante varios minutos, hasta que finalmente pareció encontrar el libro que buscaba; nuevamente regreso a la habitación.
— Haist… Haist… Sé que está por aquí… !AQUÍ! Sí, sí… Manuscrito… Escrituras… –avanzo las paginas rápidamente– Goth… Aquí está… ¿Terrenal? ¿Manuscritos Terrenales? ¿Qué significa todo esto? –se recostó sobre la silla, abatido y sin ánimos–. Nada de esto tiene sentido… –se dispuso a cerrar ambos libros; los guardo en un pequeño cajón, y luego se recostó en la cama; observando el techo de su pequeña habitación; preguntándose quizás, el significado de tales palabras, y el curso de los acontecimientos que tendrían lugar a lo largo de la lectura que había robado de las bibliotecas de Rodín hace algunas horas.

¿SUERTE, CASUALIDAD, O DESTINO?

     ¿Suerte, casualidad, o destino?

     En ocasiones las palabras no salen, escapan y se pierden en la inmensidad de nuestros pensamientos, y como voraces destellos de luz brillan en medio de la oscuridad, solo para desaparecer en un instante y perderse por siempre en un hilo interminable de palabras, pensamientos y reflexiones que jamás encontraran el camino para lograr ser evocadas. En muchas ocasiones me ha ocurrido aquello. ¿Una falta de motivación, tal vez? No lo sé…
En muchas ocasiones –demasiadas quizás–, me he preguntado el sentido de nuestras banales existencias. Y seguramente pensaréis, ¿quién no se lo ha preguntado? La mayoría lo hace, sin duda, cuando se ve inmerso en aquel cruento destino de desdichas y desidias… Yo, en cambio, he recorrido por siempre aquella delgada línea entre la vida y la muerte; siempre al borde del fracaso, pero siempre triunfador, pues veréis… Me dijeron un día: “Lograrás todo aquello que te propongas”. Hasta ahora todo aquello ha sido verdad. Mas mi vida, señores… y señoras… Mi vida no es más que un desastre, y la más grande de las desdichas es, sin lugar a dudas, jamás haber fracasado. ¡Ja! ¡Ja! Sin duda pensáis que soy un loco, ¿quién en su sano juicio añoraría el fracaso? ¿Qué hombre desearía estar hundido en el barro por propia convicción? ¡Ja! ¡Ja! ¡Pues sin duda ese hombre soy yo!
¿Cómo habría de llamarlo? ¿Suerte? ¿Casualidad? ¿Destino? ¿O los designios de un Dios todopoderoso? ¡Esto es un desastre! ¡Yo! ¡Yo soy el desastre más grande del mundo! ¡YO! ¡El maldito triunfador! El maldito y vacío… triunfador… Pero la verdad es que no necesitaba oír aquellas palabras… Algo en mi interior me decía que siempre habría de ser así. ¿Alguna vez os lo habéis preguntado? ¿Qué se siente vivir a la sombra de algo superior a todos nosotros? Algo inexplicable que… que aunque no lo desees, dirige tu vida hacía la grandeza.
No hablo de Dioses, ni de fe, ni de esperanzas, pues lo único que existe es la voluntad de los seres humanos… La voluntad para crear… Para volvernos gigantes…
¿Qué se puede hacer cuando uno ha visto su destino, el punto final de su lúgubre y decadente vida? ¿Se puede luchar acaso contra ello? Siempre he añorado el recuerdo… La grandeza… ¿Pero sabéis algo? La verdad es que no quiero nada de esto… Mi más grande fracaso ha sido precisamente jamás haberme topado con el… 

FRASE

II

«No comprendo, o tal vez no deseo comprender. ¿Es qué todo en vuestro mundo debe ser tan irreal, vano, superficial? Me llamaréis loco, pero jamás he estado tan consciente de los verdaderos sucesos y acontecimientos que tienen lugar en nuestro decadente mundo; desearía que pudierais verlo con mis propios ojos. Tal vez solo así comprenderían el significado de mi soledad, de mi eterno y lúgubre despertar. ¡De está incesante sensación de odio y repudio por vuestra sociedad! Ah… Pero jamás lo comprenderíais… No estáis preparados… No habéis visto el fuego de los infiernos acechando a vuestro alrededor, mientras leves quemaduras comienzan a escocer en vuestros intestinos… No habéis sufrido en medio de vuestra soledad, solo para comprender que es el único camino para despertar de esté lúgubre y terrenal sueño que llamamos vivir… Carecéis de la voluntad necesaria para afrontar mi destino, y creedme que lo lamento… Lamento ser la luz de estos oscuros tiempos»

FRASE

I

« ¿Nunca habéis sentido aquella leve sensación de hastío y repudio frente al mundo? Yo sufro sus males a menudo, pues por alguna razón el mundo de los hombres se presenta ante mis ojos demasiado artificial. Solo debéis mirarlos… Fingen continuamente ser felices frente a esos vulgares seres humanos, pero a sus espaldas, en medio de la soledad de sus pensamientos, los repudian y los odian. Estoy harto de toda está hipocresía, pues durante mucho tiempo me ha consumido»

Palabras del autor desconocido que escribió las historias anteriormente relatadas. Un autor desconocido, y atribulado sin duda por sus pensamientos, por las vanas experiencias que ha vivido.