ALEXANDER RODERICUS

A menudo me siento en mi cómodo sillón y comienzo a pensar en las banalidades de mi pensamiento. ¿Cómo es que éstos llegaron allí? ¿Son realmente míos o, tal vez, son la simple consecuencia de haber vivido tantos años, en medio de está sociedad? Tal vez sea esa la única respuesta ante aquella pregunta. Nada de lo aquí escrito me pertenece, más todo es un vulgar reflejo de los pensamientos, las ideologías, que me ha impuesto  la sociedad en la cual me encuentro inmerso. Tal vez, esté solo sea el destino de la humanidad, aquel de sucumbir ante las modas que se han impuesto en un determinado momento de la historia.

He buscado liberarme de aquellas ataduras. He buscado liberar mi consciencia de aquella mentalidad basura, que amenaza con destruir todo aquello que tenemos a nuestro alrededor. Aquella mentalidad que me ha vuelto inconsciente. Una máquina, cuyo único propósito es trabajar para vivir, o tal vez era, ¿vivir para trabajar? Ya no lo recuerdo. Tal vez ya no quiera recordar nada.

Yo, ya no existo. Un nuevo hombre a usurpado mi lugar. Alexander Rodericus, se ha hecho llamar.

Una parte de él, parece ser el reflejo de todo aquello que odio, que repudio de está sociedad; aquella parte que he buscado acallar dentro de mi consciencia por demasiado tiempo.

Pero a pesar de todo aquello, no somos tan diferentes. Los dos estamos solos. Luchando y sangrando. Cantando una canción, cuyo nombre es revolución.

Nace así esté vulgar sentimiento. Un sentimiento de ira y de desolación, contra una sociedad que parece haber enterrado todo aquello que lo hacía único, especial.

Pueden quedarse. Pueden escuchar mis palabras ahí dentro, en vuestras consciencias o, pueden irse. Marcharse sin más. Fingir que jamás estuvieron aquí. ¿Qué más da? Fingir que el desastre y el caos no están frente a nuestros ojos es nuestra especialidad.